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EL DIEZMO? PARA QUE?

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Mi Casa Es Tu Casa


Hace algún tiempo enfermó un hermano de la congregación, de emergencia lo llevamos al hospital quienes lo atendieron rápidamente. Yo le había prometido que al salir del hospital lo llevaría a mi casa para cuidarlo. Este hermano muy agradecido me dijo: “entonces ve a mi casa y lleva todos los víveres a la tuya porque los quiero compartir; por favor tómalos porque estaré con ustedes” Cuando llegué a recogerlos, me llamó la atención la cantidad de provisiones que tenía guardada. También me percaté del espacio desocupado en toda la casa. Seguí metiendo bolsas de provisiones a mi automóvil tales como frijoles, arroz, azúcar, enlatados, aceites y más. Me cautivó particularmente el hecho que aunque mi automóvil es grande ya no había espacio para nada más y aún, tuve que regresar por más. Ese mismo día una familia de la congregación me había dicho con sollozos que no tenía nada para comer y que los estaban botando de la casa. En ese momento el Espíritu me iluminó y pude darme cuenta que todavía atesoramos cosas y espacio en casa que podríamos compartir. Recordé la ropa que tenemos guardada en casa. Mi esposa y yo no la habíamos regalado porque subimos de peso, (si, unas cuantas libritas) y estábamos queriendo adelgazar, cosa que después de mucho tiempo no lográbamos. También vino a mi memoria el espacio sin ocupar de mi casa. Yo le había prometido a Dios que me diera una casa grande para que a la vez sirviera para la comenzar la iglesia y cuidar algunos enfermos comenzando por mi padre que lo tuvimos por varios años hasta que falleció. En efecto allí comenzó pero cuando crecimos tuvimos que buscar otro sitio más grande. Comparé estos dos casos donde no faltaba nada sino sobraba, con la familia que tenía necesidad que por cierto son parientes del hermano que cuidamos en nuestra casa. Y dije para mí: que malos samaritanos somos. Me arrepentí y le dije a Dios que me iluminara más si hacía falta algo que no había subido a mi corazón. El Señor trajo a mi memoria el esfuerzo que he hecho de enseñarles a compartir a la mayoría de la congregación pero que aún hacía falta mucho más para persuadirlos a que amen a su prójimo y que en sus posibilidades den lo mejor. Tomé unas bolsas de víveres y se las llevé a estas personas necesitadas que justamente estaban orando con gran llanto. La cara de felicidad y de convicción que Dios había escuchado y respondido a su oración me produjo un testimonio de Dios hacia mí como un profundo sentimiento: “has hecho lo correcto al amar a tu prójimo y cumplir conmigo” Cuando hable de nuevo con el hermano recuperación le comente todo esto. El se alegró y me dijo que habíamos hecho lo correcto. Dice la palabra de Dios en Hechos 20:35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Fui enseñado a poner por obra este principio pero me estaba quedando corto ya que en casa siempre hay algo más que no utilizamos y que podríamos donar a alguien que en verdad lo necesita. Tu también debes aceptar que tienes tesoros guardados que ya no ocupas y que debes cumplir con tu deber y hacer lo correcto conforme a los que nuestro Señor Jesucristo demanda, para cuando debas entregarle cuentas el te diga: Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Mateo 25:40 Tu casa es también la casa de tu prójimo.